TP1 | Apropiación fotográfica

Foto Cambi, Rivadavia 9635, Ciudad de Buenos Aires, entre 1939 y 1941

Al leer la consigna de este ejercicio, fue esta fotografía de mi abuelo la primera que cruzó mi mente, por algún motivo que no supe explicar de forma inmediata. La imagen muestra a mi abuelo vistiendo el uniforme del Liceo Naval, al que asistió entre 1939 y 1941. Por este motivo puedo deducir que, en el momento en el que fue tomada la foto, debía de tener entre trece y quince años. Además, la esquina inferior derecha del retrato revela más información de la fotografía que, de haber estado ausente, probablemente habría caído en el olvido: el estudio (Foto Cambi) y la exacta locación donde se tomó (Rivadavia 9635, Buenos Aires).

Fue sorpresivo descubrir la edad que mi abuelo tenía en este retrato. En el pasado la foto había llamado mi atención porque no recordaba ninguna otra en la que mi abuelo luciera tan joven. Pensaba que en la fotografía tendría entre 18 y 25 años. Jamás habría adivinado, sin embargo, que él era aquí tan sólo un muchacho en el umbral entre la niñez y la adolescencia. Sin duda los rasgos infantiles de su rostro fueron para mí eclipsados por el aire solemne y severo de la foto. La persona retratada no luce como yo imagino a un joven de trece años. Su semblante no muestra emoción alguna, excepto por la leve mueca de la boca que sugiere una sonrisa vacía. Sus ojos no miran a la cámara, y no parecen estar observando nada en particular. El uniforme impoluto, la pose rígida y el fondo inmaculado que parece no existir, generan una gran artificialidad en la fotografía.

La fotografía fue encontrada en una bolsa que
contenía algunas acuarelas pintadas por mi abuelo

Cuando examino la imagen, no hay nada en ella que me sugiera algún indicio sobre la personalidad de mi abuelo en ese entonces. El uniforme no me permite siquiera observar alguna característica física: ¿era un muchacho delgado? ¿Cómo eran sus cabellos? (Es irónico, sin embargo, que fue el uniforme aquello que me permitió identificar que la persona retratada era mi abuelo, ya que él fue el único de la familia que concurrió al Liceo Naval). Por esta razón imagino que el resto de los retratos de sus compañeros no habrían sido demasiado (o más bien nada) diferentes. Mientras más observo la fotografía, mi inquietud crece y menos real me parece la persona retratada. Es como si aquel muchacho no tuviese emociones o identidad. Aquello que puedo vislumbrar de su rostro podría ser reemplazado por  los rasgos de algún otro cadete, y eso poco cambiaría en la foto. Esto me remite a la idea de Roland Barthes de que, cuando alguien es fotografiado, esa persona pierde autenticidad y acaba siendo “un sujeto que se siente devenir objeto”. Esta suerte de pérdida de identidad, y el contraste entre la edad de mi abuelo y la rigidez y artificialidad del retrato, constituyen para mí los principales punctum de la imagen. También llama mi atención el fuerte contraste entre el negro del uniforme y el blanco de los guantes (los cuales parecen casi el punto focal de la foto) y del fondo.

Podría intervenir en la imagen mediante un fotomontaje, mostrando a mi abuelo como un juguete que está siendo tomado por un niño, y así trivializar a la Armada y a la vez mostrar la pérdida de identidad que esta genera. Esta segunda idea también podría representarse mediante la repetición de la figura de mi abuelo, quizá con alguna pequeña variación, mostrando la falta de personalidad que los retratos del Liceo Naval sugieren. Tal vez podría mostrar que bajo aquellos semblantes serios y casi inexpresivos existe un mundo colorido e individual, acorde a la edad de los muchachos, que es eclipsado por aquellas máscaras.

Intervención

“NAVY BABY”

En el retrato original de mi abuelo, aquello que más me inquietó y que representó para mí un objeto de reflexión fue la marcada rigidez y artificialidad presente en la fotografía. Esta sensación era generada principalmente por la postura y expresión solemnes de mi abuelo, y por su impecable uniforme. Es claro que este retrato – y sin duda también los de los demás compañeros de mi abuelo – es un reflejo de la disciplina y austeridad típicas del régimen militar al que estos jóvenes de trece años debieron amoldarse.

Por este motivo, mi intención al intervenir en la imagen fue despojar a la Armada de su solemnidad, trivializándola y  hasta ridiculizando el aire severo que se observa en el retrato. Buscando además un modo de resaltar la tierna edad de mi abuelo, la idea de incorporar algún elemento infantil, como los juguetes, cruzó mi mente. Finalmente acabé por realizar un collage en el que la figura de mi abuelo – que en la foto original se mostraba digna y marcial – quedó reducida a la de un insignificante juguete. Busqué resaltar esta idea fusionando su imagen con la llave característica de los juguetes a cuerda, y con la mano de un niño que lo sostiene, evidenciando su ahora menor dimensión. Además opté por recortar estas figuras y situarlas sobre un nuevo fondo: un suelo en el que se encuentran desperdigados algunos otros juguetes.

Mediante esta intervención, sin embargo, se genera otra lectura alternativa de la imagen. Como dije en el análisis de la foto original, me resultaba inquietante que en el retrato no existiera ningún atisbo de la personalidad del muchacho. Esto me sugiere que el régimen disciplinado de la Armada no permitía que cada  cadete expresase libremente su individualidad. Entonces, uno podría interpretar también que mi abuelo, al ingresar en el Liceo Naval, acabó por convertirse en un juguete más de la Armada. La presencia de la llave en su espalda resalta aún más el hecho de que cada individuo en estos regímenes corre el riesgo de transformarse en un mecanismo de un sistema mayor.

Tomé la elección de mantener la imagen en blanco y negro, con la intención de unificar los diversos elementos presentes en esta, y que así pareciera lo más realista posible. De este modo, la rigidez de la figura de mi abuelo podría hacerlo parecer en verdad un juguete. Este es, a mi parecer, el nuevo punctum que se genera en la imagen: el hecho de que el niño no está sosteniendo un  verdadero juguete, sino una persona. Quise además que su imagen estuviera inclinada, para que contraste con la perfecta simetría del previo retrato.

Escena sonora

La artificialidad de la imagen, generada por la figura rígida e inexpresiva de mi abuelo sobre el fondo inmaculado, no me sugiere – en el ámbito sonoro – más que el sonido cercano de los mecanismos internos de la cámara al sacar la fotografía, y la voz proveniente del fotógrafo, indicándole al muchacho retratado cómo posar. Es la dirección escrita en la parte inferior de la foto – Rivadavia 9635 – aquello que le da vuelo a mi imaginación y me permite construir otras capas sonoras.

La fotografía fue tomada muy probablemente en un estudio profesional, cuya ubicación en medio de una avenida garantiza que uno podría oír – atenuado por las paredes y ventanas del local – el bullicio que caracteriza a cualquier calle transitada: ese ruido lejano de una multitud de voces y de los motores de los automóviles (y quizá hasta de alguna bocina).

Mi abuelo de seguro no fue el único cadete retratado aquél día. Imagino que dentro del estudio se encontrarían también otros muchachos de su edad esperando a ser fotografiados. Por esto un sonido más cercano, pero también más tenue, podrían ser los murmullos de los estudiantes conversando entre ellos.